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Era el 11 de febrero de 1858 cuando Bernadette, joven de 14 años, junto a su hermana Toinette y a una amiga Jeanne Abadie llegaron a la gruta de Massabielle, situada a lo largo del río Gave, escuchó un ruido que parecía un golpe de aire y alzando la mirada hacia la gruta, vislumbró a una señora vestida de blanco, con un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie. Al verla, Bernadette, hizo la señal de la cruz y empezó a rezar el Rosario.

A partir de ese día Nuestra Señora se le apareció a Bernadette otras 17 veces.

 

La importancia que la ciudad de Lourdes y que su Santuario tienen en el mundo tiene su fundamento en el mensaje salvífico que la Virgen le ha dado a Bernadette, un mensaje sencillo pero rico, un mensaje que se enriquece progresi-vamente desde hace 150 años, un mensaje que revive en los ojos de los fieles que cada año acuden al Santuario de Lourdes para alimentarse con la Palabra de Dios, para abandonarse en los brazos de la más tierna de las madres, para quitarse la sed en la fuente de agua de manantial que purifica del pecado, para revivir con sencillez en el corazón la misma experiencia que una humilde campesina vivió hace 150 años.

Es por esta magia que el Santuario de Lourdes, desde su construcción que se remonta a finales del 1800, ha llamado y llama cada año a millones de devotos prove-nientes de todas las partes del mundo.